Hace
unas semanas tuve la oportunidad de asistir a la Conferencia de Javier Solana
en la London School of Economics.
Era mi
primera conferencia en el extranjero, y la verdad que el formato es bastante
interesante: el profesor que la presento, Robert Cooper, hizo la introducción del ponente y
posteriormente intento rebatir las ideas que Solana expuso en su discurso, en
un inglés bastante bueno.
Solana
accedió a la palestra a pecho descubierto. Se nota que aparte de ser un buen
ponente, vive Europa desde una visión general del mundo. Javier Solana es
consciente que Europa va a dejar de ser esa gran concentración de países que está
en cabeza de la economía mundial. Se encuentra en esa fase de reconocer el
problema antes que se produzca e intenta informar del diagnostico a sus compañeros
europeos. Ardua tarea.
¿Por
qué? Porque como dice el refranero popular, no hay más ciego que el que no
quiere ver. Los europeos seguimos sin ser conscientes que en los próximos años,
nuestro papel en la economía y política mundial serán secundarios (siendo
benevolentes con nosotros mismos).
Los
mercados/países emergentes, los países del este y los sudamericanos están
llamados a sustituir a los países europeos (digo países europeos, que no
Europa).
Es por
ello que Solana planteó algo que todos pensamos que parece que nadie desde
Europa está dispuesto a ceder: Una única representación de Europa en el mundo.
Al más puro estilo de los EEUU.
Pero
claro, la pregunta es clara: ¿Quién esta dispuesto a ceder su parcela de poder
en el entresijo de la Unión por el bien común?
Desconozco
la aportación española a la formación de la Unión, pero podemos decir (no sé si
con orgullo), que hemos exportado nuestro modelo de Café para Todos. La
ampliación de la Unión se ha hecho con la intención de complacer a todos. Cada
nuevo miembro significa una ampliación de la casa europea, y no nos hemos dado
cuenta que quien quiera entrar en nuestra casa deberá adaptarse y adaptarnos al
tamaño de ella, y no reformar continuamente el edificio para que todo el mundo
se sienta cómodo.
Por
supuesto que hay que ceder, pero los pequeños no podemos esperar que siempre
cedan los grandes. Ni viceversa. O somos europeos o no lo somos, las medias
tintas deben acabarse. Nadie en el mundo piensa que California, New York o
Wisconsin son estados medio americanos. Son americanos al 100% y aunque
discrepen de la política federal, van unidos siempre.
Desde
mi punto de vista se debe establecer una política común de aplicación directa
en temas tan sensibles como la regularización de las políticas de trabajo,
fiscales y económicas. Y ello significa una cesión de los países miembros hacia
eso que llamamos Europa. Los estados deberían quedarse con competencias como
cultura, administración pública, y el resto cederlo a eso que llamamos Europa.
Creo
que Javier Solana en este punto estaría conforme conmigo, que este es el gran
dilema de la cuestión. Si queremos ser una unión más grande, debemos ceder en
estos apartados y tener una única voz que represente a la segunda o tercera
economía mundial. Si en esta encrucijada que se nos presenta en breve, no nos
ponemos de acuerdo, perderemos un tren que no volverá a pasar puesto que
nuestro poder de decisión será cada día más pequeño.
El
problema está ahí. La solución está ahí. Sólo es cuestión de tiempo que el
problema nos coma, o que podamos superarlo como hemos hecho tantas veces.
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